6 ene. 2010

Opción F


El sudor que la cubría no era más que el preludio del placer que habría de alcanzar. Las manos, las bocas de sus amantes la mantenían en un perfecto estado de excitación. En la penumbra, los ojos saturados de deseo, apenas distinguía las formas varoniles, sólidas, de Jack de las más elegantes, pero no menos deseables, de Carlos, por lo que recurrió al resto de sus sentidos.
Aspiró el aroma áspero de sándalo que se demoraba en los pliegues del cuello de Carlos y gustó el sabor picante del lóbulo de su oreja, jugoso como una fruta exótica y madura.  El tacto único de la cabeza de Jack, tan desnuda como los sentimientos que le entregaba, el sonido bronco de su pesada respiración, el latido de su corazón, demandante, le proporcionaban la medida de la felicidad.
Arrebujada, inmersa en ellos, Sophie se abandonó al éxtasis.
Al fin fue libre.


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