6 ene. 2010

Opción C


Walter le ofreció un whisky que no había pedido y Escobedo supo que estaba ejecutando su venganza. Días atrás lo había visto manipular el matarratas y el brillo en sus ojos delataba que ocultaba una oscura determinación.
Con un movimiento imperceptible, Escobedo activó en su móvil la señal de peligro que, vía satélite, se recalculaba hasta llegar al cuartel general de Greenstone, no sin antes derivar una señal complementaria a los servicios de control de Purplestone.
Sapo apareció por la trastienda, dejando un rastro de sudor y escupitajos y, haciéndose el desentendido, para no llamar la atención, tomó el vaso con el whisky que Walter le sirviera a Escobedo.
En el Hospital Spiritew, Thomas Donaldson se sometía a las pruebas de la doctora McGowan, decididamente satisfecho de colaborar con su cerebro a la ciencia pero sin saber con seguridad por qué estaba ahí, amarrado a la camilla con grandes correas de cuero. Es este o nadie, le había dicho Escobedo a Greyland, poco antes de partir para la reunión con el consejo de administración de Geosync.
No estaba resultando nada fácil encontrar candidatos a dejarse examinar la mente con la dichosa piedrecita. Afortunadamente, contaban con una baza de última hora: el Mayor Hutton había convencido a su sobrino Ian para que lo sacara de fin de semana y aprovechó para escapar. Con lo que el desgraciado de Ian, joven de altas capacidades no adaptado a la escolarización convencional, no contaba era con que su tío lo había vendido al mejor postor, y en esos momentos los esbirros de Purplestone lo llevaban, drogado, hasta las dependencias del Hospital Spiritew, donde su mente sería examinada con los híbridos y, con un poco de suerte, su diseccionada.
Desde el sofá del salón de la casa de su abuela, Sophie, altamente concentrada, tenía la visión de que algo muy malo le iba a suceder a Sapo, a Ian y a Thomas. Supo, además, que Escobedo sería traicionado, por mano de Persis, por la cuarta organización secreta a la que pertenecía, Marblestone, y que Jack, aprovechando la calva, viajaba rumbo al Tibet para hacerse monje budista, después de ser rechazado por ella.
Se sirvió una taza de humeante chocolate caliente y suspiró, mientras admiraba el perfecto trabajo de pedicura de sus pies y el sol se ponía tras el Fiordo.
-¡Al fin sola!

¿Volver a otro final?

 




4 comentarios:

Dácil Martín dijo...

¡Qué bueno, qué bueno!. Me quedo con este, el enrevesado: Sophie al fin sola, y los demás desconfiando uno del otro, envenenándose, sometidos al yugo..., y el Jack monje budista aprovechando la calva y el desamor, más enrevesado imposible.

Felicidades, Ana. Los finales a cual mejor según los gustos. Estupenda y divertida crónica. Lo he pasado muy bien leyéndolo.

Besotes

Amando Carabias María dijo...

A mí lo que no me queda muy claro es por qué Sapo se bebe el whisky, todo lo demás... necesitaría otra novela para explicarse...

Mercedes Pinto dijo...

Es verdad que habrá que aclarar algunas cosillas en los capítulos que queden, pero sigue siendo, bajo mi punto de vista, la mejor opción. A no ser que finalmente haya una H que englobe lo mejor de todas.

Ángeles Hernández dijo...

Lo de Jack de budista suena un poco a "pitorreo", y no me gusta nada que Purplestone acabe con todos y continúe con fuerza para poder seguir actuando.

Pero ver a Sophie relajada con su tacita de chocolate humeante,,,,bien,bien,.

Mequedo conj este final , como esquema y com alguna modificación para que los malos no queden tan indemnes...