Aquí tenéis los siete finales que os proponemos. Elegid aquel que os resulte más cercano, más excitante, más emocionante, el que hayáis soñado leer.
Cualquiera de nosotros habría pensado, en un principio, que todos los componentes de 7 Plumas íbamos a Zaragoza para conocernos físicamente, saber un poco más de nuestras vidas, hablar por los codos, divertirnos, leer nuestro relato en el recital SéBreve y volver a nuestras casas felices y contentos, tal vez con un par de kilos de más y con una más que regular afonía.
Pero, ya antes de salir se nos incitó a hacer lo que todos deseábamos: plantear el final de nuestra novela a siete manos.
Y picamos.
A duras penas nos reprimimos hasta estar los siete juntos -¿imagináis lo que significa estar más de seis horas metidos en una furgoneta, en un restaurante y en algún que otro bar de carretera, perdiéndonos por esas salidas de Madrid y entradas de Zaragoza, con el navegador recalculando la dirección incontables veces, sin lanzarnos a luchar por los finales que cada uno cree que la novela debe tener?- pero, en cuanto pudimos, nos lanzamos a la tarea. Eso sí, buscamos el ambiente adecuado para ello, un ambiente que incitara a la creatividad exaltada y los excesos: una heladería de la que nos echaron sin misericordia a la una en punto.
Allí comenzamos, bajo la presión del reloj que nos acercaba al cierre, a desgranar las ideas que nos bullían por la cabeza y a cazar al vuelo otras que surgían de lo que los demás lanzaban.
Todos dimos nuestra visión del camino que estaba tomando la historia y del que debía ser trazado a partir de ahora.
Parece increíble que siete personas que han sido capaces de hilar una trama compleja, surgida de la nada y desarrollada sin normas, pero coherente –razonablemente coherente- en su ejecución no fueran capaces de encontrar un final común, ahora que la historia parece tener un cierto cauce.
Por no contar que no llegó jamás el acuerdo sobre quién debía cerrar la novela.
Afortunadamente, contábamos con una impresionante estratega de la disciplina, que se nos metió a todos en el bolsillo e impuso cordura: Pilar Aguarón –un beso, Pilar-. Con firmeza militar, de coronel, cuando menos, nos dijo:
-Se sortea… ¡YA! Dime un número…
No vamos a revelar quién tendrá la fortuna y el privilegio de poner el punto y final a esta novela nuestra pero os confesaré que, en el fondo, todos queremos escribir el final, que todos queremos hacer un final que sea especial para nuestros lectores.
Y que, si hay algo que tenemos muy claro es que lo que hace especial este proyecto es su interactividad así que, con la resaca del helado, decidimos ofreceros un final a la carta, un final recalculado, para que cada lector pueda llegar a la resolución que prefiera, la que habría escrito, si se hubiera puesto a ello.
Pero, ya antes de salir se nos incitó a hacer lo que todos deseábamos: plantear el final de nuestra novela a siete manos.
Y picamos.
A duras penas nos reprimimos hasta estar los siete juntos -¿imagináis lo que significa estar más de seis horas metidos en una furgoneta, en un restaurante y en algún que otro bar de carretera, perdiéndonos por esas salidas de Madrid y entradas de Zaragoza, con el navegador recalculando la dirección incontables veces, sin lanzarnos a luchar por los finales que cada uno cree que la novela debe tener?- pero, en cuanto pudimos, nos lanzamos a la tarea. Eso sí, buscamos el ambiente adecuado para ello, un ambiente que incitara a la creatividad exaltada y los excesos: una heladería de la que nos echaron sin misericordia a la una en punto.
Allí comenzamos, bajo la presión del reloj que nos acercaba al cierre, a desgranar las ideas que nos bullían por la cabeza y a cazar al vuelo otras que surgían de lo que los demás lanzaban.
Todos dimos nuestra visión del camino que estaba tomando la historia y del que debía ser trazado a partir de ahora.
Parece increíble que siete personas que han sido capaces de hilar una trama compleja, surgida de la nada y desarrollada sin normas, pero coherente –razonablemente coherente- en su ejecución no fueran capaces de encontrar un final común, ahora que la historia parece tener un cierto cauce.
Por no contar que no llegó jamás el acuerdo sobre quién debía cerrar la novela.
Afortunadamente, contábamos con una impresionante estratega de la disciplina, que se nos metió a todos en el bolsillo e impuso cordura: Pilar Aguarón –un beso, Pilar-. Con firmeza militar, de coronel, cuando menos, nos dijo:
-Se sortea… ¡YA! Dime un número…
No vamos a revelar quién tendrá la fortuna y el privilegio de poner el punto y final a esta novela nuestra pero os confesaré que, en el fondo, todos queremos escribir el final, que todos queremos hacer un final que sea especial para nuestros lectores.
Y que, si hay algo que tenemos muy claro es que lo que hace especial este proyecto es su interactividad así que, con la resaca del helado, decidimos ofreceros un final a la carta, un final recalculado, para que cada lector pueda llegar a la resolución que prefiera, la que habría escrito, si se hubiera puesto a ello.
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SELECCIONA TU FINAL:
-OPCIÓN A- Si eres amante de los finales trágicos, es la tuya.
-OPCIÓN B- Si eres un romántico sin cura, no te lo pienses más.
-OPCIÓN C- Si adoras los finales enrevesados, no selecciones sin antes asegurarte de tener a mano papel y lápiz.
-OPCIÓN D- Si te apasionan los finales sobrenaturales, atrévete.
-OPCIÓN E- Si quieres un final familiar.
-OPCIÓN F- Si te va el erotismo, en la intimidad de tu cuarto, con luz tenue y música sugerente, toca y acaricia esta opción.
-OPCIÓN G- Si te gustan los finales inapelables, no hay más que esta opción.
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Crónica: Ana Joyanes